El joven Andrés Soto de 31 años tiene ya una amplia carrera internacional en Argentina e Italia. Pero cuando era sólo un niño su sueño inició en la Escuela de Música Sinfónica de Pérez Zeledón, y hoy queremos dar a conocer parte de esa historia.

Lo que se hereda no se hurta

Desde muy pequeño Andrés siempre estuvo en contacto con la música. Es algo que corre por sus venas. Él es sobrino del reconocido músico autodidacta Otto Elizondo, quien le enseñó a tocar guitarra a muchos generaleños.

Fue precisamente su tío quien le mostró por primera vez un violoncello y le habló del instrumento.

Con ese interés y a sus 15 años Andrés ingresó a la Escuela de Música Sinfónica de Pérez Zeledón y eso le cambió la vida…

En nuestra institución recibió clases con Danilo Castro (contrabajista y bajista eléctrico), quién lo motivó a estudiar siempre y buscar profesionalizarse en la música.

“Esta experiencia que tuve en la Sinfónica fue la que me abrió las puertas a aprender sobre un instrumento tan excepcional, porque algunos instrumentos tienen más ofertas en lecciones privadas, pero si no hubiera sido por la Escuela de Música no habría tenido la oportunidad de aprender a tocar violoncello”, afirma Soto con toda seguridad.

Otra ventaja que Andrés reconoce de su paso por la Escuela de Música Sinfónica de Pérez Zeledón es la experiencia de participar en orquestas y bandas, en grupos de músicos grandes, que resulta muy enriquecedora para cualquier joven que está iniciando su camino en la música.

“Es una cosa maravillosa participar en una orquesta, donde el resultado sonoro es lindo y es algo muy motivador, aún si el joven no se va a dedicar a la música en el futuro. La experiencia orquestal para muchos jóvenes es como encontrar un lugar en la sociedad.