María José Vargas llegó en el 2005 a la Escuela de Música Sinfónica de Pérez Zeledón siendo una niña de 7 años.

Hoy ya tiene 23 y estudia Bibliotecología y Preescolar en la Universidad de Costa Rica (UCR), pero en aquel tiempo era sólo una pequeña enamorada del sueño de hacer música. Con nosotros aprendió durante 12 años y recientemente, en el 2021, regresó para graduarse de violín.

“Recuerdo que las primeras clases que yo tuve fueron en una casa porque la Escuela de Música era tan pequeña que daban las lecciones de violín en otro lado. También participé en giras y clases maestras de instrumentistas que venían al cantón”, nos contó ella.

Anécdotas mágicas

Cuando María José habla de su paso por nuestra escuela siempre lo hace con una sonrisa, rememorando momentos mágicos que la conectaron con la música, pero también con la pasión, la alegría y la amistad.

“Ya estando un poco más grande, como a los 16 años, recuerdo con muchísimo afecto una gira que fue en Sierpe donde tocamos una pieza que se llama Pedro y el Lobo, y fue muy divertido: nos permitió combinar la parte instrumental con una parte de actuación hecha por las personas de la zona. Fue muy bonito ver cómo se emociona la gente al trabajar en conjunto, fue totalmente enriquecedor. Y al final, el público no paraba de aplaudir. Todos salimos ganando, es una especia de amistad fraternal”.

En la Escuela también tuvo la oportunidad de ser asistente en un curso de canto infantil y en orquesta infantil, ayudando a los pequeños estudiantes y apoyando a los profesores. Luego colaboró en clases de flauta o lectura musical e incluso dio lecciones a niños y niñas con autismo.

De alguna manera, esa experiencia también le servirá de apoyo en su carrera profesional y laboral ahora que está por convertirse en docente de preescolar. E incluso en los talleres que podría realizar en las bibliotecas gracias al auge de su imaginación, creatividad y expresión corporal.

 “Aprendí muchísimo de eso porque vi que se puede enseñar de distintas maneras. Y entendí que, sobre todo, la motivación es fundamental. Decirles: usted puede salir adelante… Aprendí que se puede explicar de distintas maneras, con paciencia y ternura. Eso me enseñó mucho”, aclara ella con toda honestidad.

Un regreso triunfal

Si bien María José se vio obligada a dejar sus clases de música en 2018 para ingresar a la universidad en San José, la vida la traería de vuelta en 2021, en medio de una pandemia de salud pública por el COVID-19, para terminar su camino.

El año pasado ella pudo realizar su recital de graduación y ahora es una de nuestras ex alumnas y embajadoras de la experiencia de aprender música en la Escuela de Música Sinfónica de Pérez Zeledón, un antes y un después en la vida de muchos jóvenes y nuestra razón de ser.

“A los que quieran empezar a estudiar música les diría que por supuesto, que lo hagan, que ánimo. Es una de las mejores inversiones que se pueden hacer en la vida, se vaya a dedicar uno después profesionalmente a la música o no. Se aprende de resiliencia, constancia, amistad, tolerancia, muchas cosas. Y además les diría que disfruten, es una aventura muy enriquecedora”.

Aunque ella reconoce que estudiar música no es fácil, vale por completo el esfuerzo. “Uno siempre sale ganando”, afirma María José.